El espacio sagrado en la arquitectura
contemporánea
Por
Joaquim González-Llanos
Publicado el 10 de enero de 2011
Publicado el 10 de enero de 2011
Entrevista a Esteban Fernández Cobián
Esteban Fernández Cobián es arquitecto y profesor de la Escuela de
Arquitectura de la Coruña. Es autor del libro “El espacio sagrado en la arquitectura española
contemporánea”, fruto de más de seis años de trabajo. En él rastrea la
evolución del espacio de culto católico en los últimos cien años.
Se ha dicho que con el motu proprio Summorum
Pontificum (2007) de
Benedicto XVI se ha reabierto el debate sobre la formalización de las iglesias
contemporáneas. ¿Qué elementos entran en ese debate?
Yo no diría que el debate se ha reabierto, porque siempre lo ha
estado, sino que la discusión ha pasado de nuevo a un primer plano. Para
cualquier historiador de la arquitectura resulta sorprendente la rapidez con la
que se produjeron los cambios en las iglesias tras el Concilio Vaticano II. No
es fácil explicar cómo un tipo edificatorio tan asentado se cambiara
radicalmente de la noche a la mañana. Y que las voces que se alzaron –tantas y
tan autorizadas– denunciando los fines y las maneras de este proceso, fueran
sistemáticamente silenciadas. Sin duda, la inercia del espíritu de los tiempos
era poderosa. Ahora Benedicto XVI ha puesto sobre la mesa todo esto; él mismo
había sido uno de los primeros en romper el velo de silencio ya en los años 80,
en su libro “Informe sobre la
fe”.
Pienso que los elementos que entran en este debate son
fundamentalmente dos: el concepto y la identidad, y que es, precisamente, el
título del congreso internacional de arquitectura religiosa contemporánea que
se ha celebrado en Ourense el pasado mes de noviembre
(www.arquitecturareligiosa.es). Según el evangelio de san Lucas, Cristo celebró
la Última Cena en «una sala amplia y bien arreglada» (Lc 22, 12). Ese podría
ser el paradigma espacial de una iglesia cristiana, su concepto. Pero claro,
hace ya más de dos mil años que se construyen iglesias, y esto es algo que no
podemos ignorar, porque esta historia ha constituido su identidad como tipo.
Con la palabra 'concepto´ me refiero a lo que entendemos que debe
ser una iglesia católica. Podríamos convenir que una iglesia es un espacio más
o menos delimitado que se dedica al culto, y que por lo tanto, se sacraliza.
Pero aquí ya surgen algunas preguntas, con motivo, por ejemplo, de los espacios
celebrativos al aire libre, tan frecuentes desde el pontificado de Juan Pablo
II. Estos espacios ¿son verdaderas iglesias o son otra cosa? ¿Puede existir un
espacio sagrado abierto? ¿Cuáles serían sus límites? O bien: ¿Es posible
considerar como iglesias los espacios interconfesionales o los contenedores de
multitudes que se están levantando en los grandes santuarios marianos –Fátima,
Lourdes, Guadalupe, etc.–, o incluso las iglesias hinchables que empezamos a
ver en centros comerciales y en las playas italianas? Creo que los límites
conceptuales del espacio de culto –tanto por exceso como por defecto– se han
difuminando sobremanera, y conviene volver a acotarlos.
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